jueves, 20 de octubre de 2016

Vida. mía.

Intenté dormir.
Intenté dormir y me di cuenta que me has robado el sueño.
Me di cuenta de cómo tu presencia cambia mis noches y verte en la mañana hace diferente mis días.
Por extrañarte puedo saber que hora es sin siquiera mirar el reloj: hora de que aún no es tiempo de que llegues.
Entendí tantas cosas el día que te fuiste; entendí que el día que ya no estés.... el día que ya no estés tampoco yo estaré.
Te regalo el tiempo que me queda, los días y las noches, las sonrisas y alegrías y las penas y desvelos que me quedan. Te regalo una vida juntos.
¿Me regalas también tus minutos?

Enojo.

Pocas veces me siento tan molesta, pero esta vez...
Por supuesto que estoy enojada.

Primero estoy enojada porque tengo derecho.
Porque también luché días y noches
porque también sufrí tus enojos,
porque soporté las peleas a causa del cansancio,
porque mi sudor está impregnado en ese trabajo,
porque gasté minutos,
porque tengo un sentido de pertenencia,
por todas las veces que renuncié a algo por esto,
por la risa de cada niño,
por las gracias de cada padre,
por el dolor corporal de cada noche,
por los desvelos,
por cada vez que desperté sin quererme levantar...
pero aún así no falté,
porque no encuentro justificación,
por mis compañeros,
por mis alumnos,
por el lugar,
por lo aprendido,
por cada clase...
Porque no es la primera vez.
Porque me arrancan una motivación,
porque también trabajé por ello
y me lo quitan sin tenerme en cuenta.