jueves, 27 de junio de 2013

El violinista.

Para muchas personas todos los días son iguales.

Algunas veces he hablado sobre la rutina, sobre como me molesta verme obligada a seguirla, sobre la costumbre y lo que la mayoría consideramos algo "normal".

Pues bien, si mi vida se ha convertido en rutina por cuestiones de estudio, tareas y otras actividades que no puedo dejar de realizar, al menos trato de "hacer limonada" ("Si la vida te da limones...") y ver el lado positivo cada día, sin embargo, no significa que en muchas ocasiones no tenga que ver situaciones que me disgustan.

Algunas veces me toca ver cosas desagradables mientras estoy parada esperando por mi boleto de regreso a casa: peleas, personas sufriendo, personas cansadas que apenas pueden con sus almas; incluso hoy vi algo que removió una fibra sensible en mi... pero esa es otra historia.
Hace unos días regresaba a casa. Esperaba el camión en la misma calle de siempre, veía caras y oía pasos y carros que iban, venían, regresaban o se detenían.

Ese día fue una gran excepción de las cosas desagradables:
Mi autobús llegó. Me senté escuchando música para escapar del ajetreado ruido de esta ciudad. Miré a un hombre: cabello largo, una boina, pantalón y camisa de vestir ya algo gastados... Su violín. Miré... sus ojos. Bellos y, aunque llenos de tristeza, brillantes como un diamante. Después miré su violín nuevamente (obviamente iba a tocar), en esta ciudad es algo poco común.

Dejé de escuchar música. Y entonces comenzó la melodía. Quería llorar ¿Cómo era posible que estuviera allí, tocando para nosotros? No me importaba que cometía algunos errores, ni que el violín estuviera algo desafinado, ni si quiera me importó aquél hombre que comenzó a burlarse del violinista.

Y ese hombre, el violinista, estaba solamente concentrado en sus manos y la extensión de su alma: su instrumento. A ese hombre no le importaba quién lo miraba; sentía lo que hacía... esa clase de personas son las que me inspiran. No les importa cómo, cuándo o dónde, ellos simplemente hacen lo que aman. Pude sentir que él era una de esas personas por aquellos ojos.

Las ganas de llorar no solamente fueron provocadas por eso. Mientras un tornado de ideas abatían mi mente, una bella canción que he estado buscando por 2 años comenzó a sonar. Llegó a mi corazón una ola de sentimientos, alegró mi día, me hizo pensar acerca de muchas cosas, hizo que mis deseos de escribir volvieran, hizo que escribiera sobre él...

Es inevitable que repentinamente ese hombre de voz tan suave ronde por mi mente.
¿Lo volveré a ver? Si es así, tengo un mensaje para él...




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